— ¡El hijo de Peluca? ¿Quién? ¿¡El hijo de Peluca!?
— Sí…
— Bueno, vamos a buscar la pistola y eso es dándole. ¡Pero ahorita mismo!
Aquel comentario final le entró por el oído izquierdo, como un disparo a quemarropa, a Noel Odra...
Luego de traer el ceño fruncido, sus cejas se arquearon, su boca se torció, se formaron grumos en su testa, surcos en la frente.
Mientras Odra caminaba por la calle rociada de la hojarasca dejada por los mangos, caídos a palos y piedras por los que pasan hambre en la calle, solo le quedó suponer que aquellos hablaban de un robo, que cobrarían venganza... "¡No dejan parir a los mangos!", pensó.
¿Se habrían robado un carro? ¿Entrarían a la casa donde hablaban al filo de la puerta otros tres jóvenes y un señor? Fueron preguntas que pasaron por la mente de Noel, mientras cruzaba a la derecha de la transversal 6 de la avenida Sucre, Los Dos Caminos, estado Miranda, (Caracas), Venezuela, el domingo 9 de julio, 4.30 de la tarde.
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