El todopoderoso Ayllatir estaba sentado en su trono, rodeado de sus sirvientes y eruditos. Con una copa en la mano brindó por su inmortalidad mientras que con la otra señaló a sus opresores, hizo un gesto y de inmediato trajeron al verdugo.Repentinamente un hombre misterioso apareció en el salón. Éste dijo:
-¡Alto! Detengan esta farsa, que no ven que el hombre que esta sentado es un tirano.Los ha estado lavando el cerebro con sus mentiras y peor aún ha conseguido cómplices para sus crímenes.¡Este hombre que ven ustedes!
¿Es un digno líder? ¿Es digno de sentarse en esa silla?¿Acaso ustedes no se sienten intimidados cuando él manda a ejecutar personas, que son o no son familiares suyos?¿Ustedes no tienen miedo? ¿No piensan diferente? Pues estoy aquí para decirlo en la cara al supremo. ¡Yo no creo en usted!Ni tampoco en las ideas que imparte. Yo soy libre y tengo el derecho de pensar diferente, usted deidad es solo un farsante.El hombre se dirigió a la entrada y liberó a los opresores encadenados. Miró desde lejos como al Dios le salía sangre por la nariz. Las palabras duelen.