—Tu forma de escribir y expresarte...- Dijo una vez más. — ...por alguna razón no puedo sacarte de mi mente.
Cornelio le miro directo a los ojos, se apoyaba del balcón para entender las palabras de aquel hombre que cada vez se expresaba de una forma más sincera.
—¿Qué te hace creer que lo que tú sientes corre también dentro de mi? —Respondió ante aquella revelación. —¿Qué te hace creer que yo podría...
Victor soltó un suspiro y camino lentamente hasta el balcón, sus facciones se intensificaban al recibir la luz de aquella luna llena que se asomaba desde lo alto y Cornelio no podía evitar aquel desconocido sentimiento lleno de tranquilidad que se presentaba al mirar sus ojos lo que le hizo desviar la mirada en otra dirección.
—Cornelio... -Dijo Victor tomándole lentamente su mano derecha. — Se que quizás es algo extraño y difícil de entender, pero yo te amo y tu sabes que...
—¡Cállate de una vez Victor! - Grito Cornelio entre confusión y dolor. — ¡No podemos sentir esto! ¡El simple hecho de pensar que dos hombres puedan estar juntos es... es...
Victor jalo fuertemente la mano de Cornelio y la acerco a su corazón, lo que hizo que sus miradas se mantuvieran fijas mirando una a la otra.
— El amor Cornelio es algo natural. —Respondió entonces. — Si hay algo que debes aprender es que no existen barreras que puedan evitar aquello que llevamos dentro, aquello que sentimos.
Cornelio, que se mantenía fijo escuchando las palabras de Victor lloraba silenciosamente al ver lo que sucedía. ¿Era acaso una declaración de amor, o el amor ya estaba declarado?
— ¡Mira a tu alrededor! - Continuo Victor. — Estamos solos, no hay nada que temer. Las cosas pueden seguir así hasta que podamos decirlo al mundo.
Se formo un silencio de unos segundos y Cornelio ya no tenia palabras, su mirada se hallaba perdida en la mirada de aquel hombre y dentro de sí su corazón latía hasta mas no poder.
— Te amo Cornelio. — Musito Victor evocando una sonrisa en su propio rostro. — Te amo y luchare por esto que siento por ti.
Cornelio cerró los ojos y dijo en su mente aquellas mismas palabras "Y yo a ti Victor..." Parado allí en el mismo balcón bajo la misma luna llena, la habitación se veía vacía y lúgubre. La vejes se había dado por sentada en la piel de Cornelio y sus recuerdos fueron lo única que le acompañaron en su soledad. Una soledad marchita y sin felicidad de la que se arrepintió toda su vida al no expresar las palabras correctas en el momento correcto. Una felicidad arrancada por el miedo a lo que puedan pensar sin pensar en lo que pudo sentir...