Su movimiento era incesante y su mirada lacerante.
Douglas corría tras cada pasadizo que se abría ante su camino, pero allí estaba, no importa a donde mirara, no importa cuanto corriera, el maldito anciano le observaba en cada paso, apareciendo y desapareciendo como fantasma errante, un alma traída del mismísimo infierno a perturbar su vida.
«¡La salida!» Pensó con alegría al mirar una pequeña luz tenue que se fugaba al cruce de una nueva muralla «Estoy cerca, solo debo... »
Muy tarde, en un parpadear el hombre se encontraba frente a él, sentía su mirada a pesar de que no podía ver nada en sus cuencas vacías, pero allí estaba, un sentimiento desagradable que le penetraba, sabía que el anciano podía verle aun estado sin ojos, eso le perturbaba aun más que el hecho de encontrarse en aquel extraño laberinto.
— ¡Ni tu ni nadie me encerrara de nuevo! - Gritó entonces al anciano, el mismo que a su vez levantaba en su rostro una sonrisa excéntrica que crispaba los pelos de Douglas,
Intento virar, miro a un lado, luego al otro y justo cuando volvia la mirada al frente el anciano ya había desaparecido, lentamente dio pasos hacia el umbral «Solo un poco» Pensó nuevamente, pero algo le detuvo. Un sonido de goteo se escucho a su espalda.
— Siguiente parada... el hogar.
Un grito resonó en toda la oscuridad de aquel lugar, luego otro, cada vez mas tenue, cada vez más lejos, al final, solo quedo el silencio en aquel viejo laberinto de paredes mohosas. el silencio de la oscuridad y el sentido de que aun alli, en la noche, no importa cuan claro este o cuan pura pueda ser la persona, sus cuencas vacías captaran tu atención, en aquel hotel en aquel lugar olvidado... aquella montaña que alguna vez fue un sueño, ahora aletargada por escépticos que buscando una historia paranormal, se encuentran perdido en el laberinto de sus paredes roídas por el tiempo."