El monumento, creado en 1989, fue un regalo del artista plástico venezolano Carlos Cruz Diez a la ciudad de Barquisimeto. Por su forma, la obra está inspirada en el sol, como una forma de rendir homenaje a los crepúsculos larenses. Con sus 80 metros de diámetro y 32 paneles dispuestos de forma transversal asemejan a un gran reloj.
Los 32 paneles constituyen una obra individual, aunque tienen una perfecta geometría y todos están compuestos de largas y finas líneas de color azul, negro, ocre y verde; se podrá notar que cada uno de los 32 elementos luce de forma diferente durante todo el día. Esa diferencia está determinada por la hora en que se le observe y según sea la ubicación del sol. Ya que el movimiento diurno del sol hace que, a lo largo de un día, la sombra de un objeto varíe en dirección y dimensión, en ningún momento los paneles reciben la misma cantidad de luz, así, los que están al norte tendrán una temperatura cromática diferente a los que están al sur, lo mismo pasa con los situados al este en relación con los del oeste.
Así, su compleja configuración, hacen de toda la plaza un gigantesco reloj solar.