Hola, gente bella y brillante de #Hive. Me he dispuesto a la tarea de aprender a escribir Décimas. ¡Y qué sorpresa me he llevado al intentarlo!, resulta que es —al menos desde mi punto de vista— increíblemente complejo y, al mismo tiempo, tremendamente natural. La métrica y la rima dotan a este modo de composición poética de una gran musicalidad que, al internalizarse, hace del proceso de creación una delicia, ¡hasta que te trabas!, pero allí está lo bueno, complejo y rico, resolver con coherencia y soltura, sin enfado, sin forzar el remate ni rebuscar la rima, como lo dice Drexler en aquella canción sobre el soneto:
Entrar en este verso como el viento
que mueve sin propósito la arena,
como quien baila que se mueve apenas
por el mero placer del movimiento.
Sin pretensiones, sin predicamento,
como un eco que sin querer resuena,
dejar que cada sílaba en la oncena
encuentre su lugar y su momento.
La Décima es una estrofa poética compleja, se construye en diez versos octosílabos —en rigor—, aunque podrían ser siete sílabas si el verso termina en una palabra aguda, o nueve si termina en una palabra esdrújula, y su estructura de rima es la siguiente:
Aquí un buen ejemplo del poeta español Pedro Calderón de la Barca:
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño
y los sueños, sueños son.
Muchos elementos hacen de la Décima una forma poética fascinante, entre ellos que sólo existe en el español (su invención se le atribuye al poeta Vicente Espinel, por lo que también se conoce como Espinela), y que de España se distribuyó por toda Latinoamérica hasta el punto de ser una de las estructuras poéticas/musicales más profundamente arraigadas en las manifestaciones culturales de cada país del continente, desde México hasta Chile.
Bien, después de varios días retándome a mí misma en cuanto al manejo de distintos recursos en la escritura, este fue mi primer intento:
Y el segundo:
Por supuesto no fueron los únicos, descarté MUCHOS terribles resultados, pero pensando que llegó mi época favorita del año, ¡NAVIDAD!, y que el repertorio navideño venezolano está lleno de hermosura, elegí dos de mis composiciones musicales favoritas, de dos de los mejores e imprescindibles creadores de esta tierra, y basándome en ellas escribí dos décimas más.
La primera, la Décima de la Luna Decembrina, por la Luna Decembrina de Otilio Galindez.
Y la segunda, la Décima del Niño del Ávila, por El Niño del Ávila de Simón Díaz.
Hasta aquí van mis intentos. Seguiremos procurando aprender y mejorar siempre ♥
Si me acompañaste hasta este punto, mil gracias. Tu lectura es muy importante.
Nos vemos en el próximo post.