Como era costumbre que se levantara a las 4 de la mañana, ya un baño de agua helada no era suficiente para él, el delicioso desayuno que le preparaba su mujer terminaba de ayudarle a recargar sus energías. Junior salía de su casa todos los días a las 6 de la mañana con un bolso tricolor en la espalda y dentro de el una lonchera y algunas galletas para la merienda, sin olvidar el vaso con tapa para mantener frío su jugo.
Sin embargo, ese 21 de diciembre no quiso salir cogió el teléfono y fingió tener un resfriado, se sonó la nariz y convenció a su jefe que le diera un día libre mientras se recuperaba. Esa mañana le hizo el amor a su esposa como la primera vez, y sintió que se estaba perdiendo de muchas cosas por no tener tiempo. En su corazón había tristeza y felicidad a la vez.
Luego, después de desayunar salió a comprar verduras para la sopa del almuerzo y llevó a las niñas al nuevo parque que el alcalde había construido en el barrio. Cuando veía a sus hijas correr, sonreír y llamarlo tiernamente papi, se sentía culpable y pensó que era esclavo de su trabajo, por eso se prometió a si mismo renunciar y buscar otro empleo que le permitiera estar y pasar más tiempo libre con su familia.
Ese mismo día por fin pudo arreglar la bicicleta de su hijo Marcos y poner la cuchilla nueva a la licuadora, estaba feliz con sus seres queridos, echaba de menos hacer esas cosas para ser útil y dar calor a su hogar. Incluso los vecinos se sorprendieron al verlo ese día ya que junior llegaba muy tarde y lo único que podía hacer era saludarlos.
A eso de las 3 de la tarde, había un aroma que cubría toda la casa, un café recién hecho y unas tostadas con mantequilla como merienda, todos estaban disfrutando en la sala cuando de repente alguien llamó a la puerta.
–Junior, ¡Epa chamo! vamos a jugar una partida de dominó, ¿te apuntas? –pregunta Carlos el vecino.
–Hola, me encantaría pero hoy es la final del equipo de béisbol que me gusta y lo estoy escuchando en la radio ahora mismo.
–No importa hombre, sube el volumen para que lo escuchemos todos, voy a buscar a los chicos y nos instalamos aquí delante de tu casa si quieres.
–Ah me gusta la idea, voy a subirle a la radio y los espero.
Media hora después, el grupo de jugadores de dominó estaba rodeado de curiosos. Junior se divertía y se ahogaba de risa por haberle ganado a José, que le daba un ataque cada vez que perdía, así pasaron 2 horas riendo y divirtiéndose. Entonces, una señora que pasaba cerca los miró y exclamó: "es malo reírse tanto, porque después van a llorar", pero nadie le hizo caso ya que era conocida en el barrio como Marta la loca.
Junior, que tenía la cierra del juego esperó su turno mientras su contrincante estudiaba qué jugada hacer. En ese preciso momento la tristeza regresó, y buscó entre la multitud que lo rodeaba el rostro de su esposa e hijos. Notó que Marcos lo miraba con ojos muy brillantes y las niñas jugaban con sus primas, cuando localizó a su esposa vio que estaba conversando amablemente con la señora Auristela tomando café, Él no apartó la mirada de su gran amor, ella al parecer sintió que alguien la observaba y miró hacia donde estaba su esposo, Junior le lanzó un beso y movió sus labios diciéndole "te quiero" cosa que la hizo sonrojar y sonreír con mucha ternura. Fue un momento hermoso entre ellos y se interrumpió abruptamente cuando se escucharon disparos muy cerca. La gente comenzó a correr, la esposa de junior corrió por sus hijos y cuando los encontró entre la estampida de gente logró meterlos a la casa y resguardarse. El sonido de las motos, autos y los disparos hizo que todos se aterrorizaran, los pequeños lloraban y las ancianas pedían a Dios calma.
La disputa por la zona había despertado a los más agresivos entre dos bandas que se disparaban sin importarles herir a los demás, minutos después la calle se había quedado sola y la gente comenzó a salir de sus casas como hormigas.
Cuando la mujer vio sus ojos sin luz, se congeló y su alma cayó de rodilla. Junior estaba muerto allí ante la presencia de sus hijos, familiares y amigos.
–Amor, amor ¡nooooo! –gritó su esposa.
Junior, no tuvo oportunidad de levantarse él permanecía sentado donde jugaba al dominó, porque había quedado atrapado en la línea de fuego. Estaba en una posición que parecía mirar al cielo, su mano apoyada en la mesa y su puño abierto con una ficha de dominó, el doble blanco exactamente, la sangre ya empezaba a formar un pequeño pozo bajo la silla. Un proyectil impactó en su cabeza y le cegó la vida, la muerte había tomado a junior sin contemplaciones.
Ella se acercó y se acomodó en su pecho, en los brazos del unico hombre que había amado en toda su vida.