Se despertó muy confundido por el alboroto. Estaba seguro de que aún no empezaba su turno de vigilancia. Un vistazo rápido hacia la escalera, le aseguró que el faro estaba bien custodiado. Pensó que quizás se trate de un mal sueño y subió la manta hasta la cara para dormir de nuevo; pero la pelea que ocurría en la punta del faro era innegable. Echó mano del rifle que ocultaba bajo su catre y subió sigilosamente, resolvió a poner fin a esa disputa que llevaba días interrumpiendo su descanso…
A pesar de querer subir sigilosamente por las escaleras, el peso de su cuerpo hacía rechinar que rechinaran los peldaños cada vez que colocaba los pies en uno de ellos.
Se sentía agotado, pensó “si vuelvo a la cama y dejo quieto a esos hombres que se están peleando, pero es que esos gritos y esos ruidos no me dejan descansar.”
Pero el enojo se volvió apoderar de él, tan solo imaginarse dando vueltas en la cama sin poder dormir, apenas salió del faro, hizo unos tiros al aire que fracturaron el silencio de la noche.
Comenzó andar hasta llegar a la punta del faro donde se suponía que había una pelea, únicamente encontró con el sonido que producían las olas al golpearse contra las rocas, el aire fresco que le daba en la cara lo calmo y decidió sentarse allí para lograr esa paz que tanto ansiaba en ese momento.
Entonces se dijo así mismo y si esa pelea solamente estuviera ocurriendo en su cabeza, he tenido unas semanas llenas de mucha tensión, tengo muchas preguntas que quiero responderme como ¿quiero seguir en este trabajo cuya paga es adecuada, pero con estos compañeros borrachos no deseo seguir? ¿Para qué seguir trabajando haciendo algo que no me gusta? Fue interesante en los primeros años, pero ya estoy cansado de todo esto.
¿Y si regreso al pueblo y me vuelvo a dedicar a lo que tanto me gustaba sembrar y arar? Tendría que empezar de nuevo, a eso le tengo miedo.
Con estas interrogantes me estoy debatiendo desde hace días, reflexiono el hombre, quizás esa es la peleaba que escucho que no me deja descansar, son mis decisiones inconclusas las que me atormentan, me hacen perder la calma y la serenidad.
Se levantó y comenzó a caminar lentamente hasta el faro, mientras escuchaba la voz de su compañero que le gritaba –Matías que te pasa para dónde vas.
Ahora sentía que bajaba, comprobó que ya no escuchaba ninguna pelea, podía descansar en paz.
Continua... la historia el concurso semanal de en que puedes participar si te gusta crear historias, aquí dejo la mía.