Hace mucho tiempo, una niña de ojos café claros, estaba acostada en su cama mirando la televisión mientras que su madre cocinaba y su hermana menor estaba siendo de compañera. La niña pensaba: ¿Qué puede hacer ella para ayudar a su mamá? Ella se sentía un peso en el hogar, teniendo 7 años no creía que pudiese ser de ayuda a su madre quien cocinaba y limpiaba todos los días.
Un día, comenzó limpiando su cuarto, era un desafío para ella porque su hermana menor le costaba organizar sus cosas, pero la niña de ojos café se sentía capaz de organizar el cuarto, al mes siguiente comenzó con el baño, limpiar un baño tenía sus cuestiones, pensaba la niña.

Fuente de imagen: Pixabay.
El tiempo pasó y la niña pidió permiso para limpiar la sala de la casa a su mamá, quien con todo el gusto aceptó, la madre se sentía bien porque veía a la hija mayor ayudar a la casa, mientras que la mayor limpiaba la sala, la menor acomodaba su cuarto. Todo era cuestión de etapas, ellas entraron a una etapa de querer valerse por sí mismas. El tiempo pasó, meses o tal vez años, nació el 3er hijo, un niño con problemas de asma, la madre tuvo que poner doble ojo al pequeño bebe porque tenía mucho miedo, miedo de mirar para otro lado y cuando ella voltee no esté más su hijo.
Por otra parte, las niñas entendieron el mensaje de la mamá, ellas tomaron riendas y empezaron a colaborar con la casa, una organizaba el cuarto de la madre y la otra el cuarto donde ellas dos dormían. Y así fueron las cosas, el tiempo pasó y ahora el niño caminaba, la madre debía ayudar a las tareas del colegio de la del medio, la mayor se le daba bien con sus actividades, muy rara vez pedía ayuda a su mamá para estudiar, pero se sentía culpable de no poder ayudar a su hermana menor, quería que la madre descansara todos los días luego de tanto esfuerzo en el hogar.
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La hija mayor cumplió los 14 años y quiso aprender a cocinar, aunque ese no fuese el mejor dote de todos, ella trató de darle de cena a sus hermanos, empezó con la arepa, comida típica de Venezuela, luego con los sándwiches, el pollo frito y ensaladas, a pesar de haber avanzado, sus responsabilidades en la escuela habían aumentado, el tiempo no le daba para ayudarla a cocinar o a limpiar, se sentía mal, quería ayudar.
La graduación llegó de la hija mayor, sus hermanos la veían como un ejemplo a seguir, sus padres estaban orgullosos de tener una hija tan humilde, colaboradora, respetuosa y demás. Pero la hija no se sentía bien consigo misma, venía una etapa que iba a ser el doble de fuerte y el dinero se estaba acabando, así que empezó a trabajar, el trabajo era lo único que ella pensaba que sería la solución a sus problemas, ya no quería que sus papas trabajaran tanto porque ellos ya le habían dado de todo a sus hermanos. Pero esta vez necesitaba ser la que fuese el pilar, el sustento, porque el amor que le tenía hacia su familia era increíble.
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Descubrir es un paso elemental en nuestras vidas, hace que nuestros horizontes se expanda, que los sueños no solo sea uno sino varios, de eso se trata de descubrir y la niña, bueno, ya mujer, de ojos café encontró un espacio que le cambió la vida, que le permitió abrir sus alas y crear nuevas emociones. Actualmente, ella vive bien, le manda de vez en cuando a sus progenitores y hermanos un poco de sus ganancias, pero todos los días siente que le falta algo más.
Ella se sigue preguntando ¿Qué será? ¿Por qué sus metas no la hacen sentir satisfecha? Eso es lo que estoy a punto de descubrir.