Pupilas de mi azulejo.
En casa hay un azulejo
de un color maravilloso
que coincide con el brillo
de tus impactantes ojos,
y al arribar la mañana
llenan mi pecho de gozo.
El sol riega su esplendor
entre luces y alborozo,
y al azulejo menudo
entre las manos yo tomo
mientras la ternura llega
a adueñarse de tu rostro
con sus destellos de cielo
y de mar maravilloso.
Cuando canta el azulejo
su breve y bonito coro
me embeleso con tu voz
y con tu mirar precioso,
y es que no hay como azulejo,
y es que no hay como tus ojos
para comenzar un día
de espectaculares fotos,
y a Dios yo le doy las gracias
por complacer mis antojos
de hallarme desde temprano,
y me le pongo de hinojos
por la luz del azulejo
y belleza de tu rostro.