)
Fuente
He soñado algo que podría ser de los últimos noventa o primeros dos miles, o más antiguo. Vivía en la paz, recuerdo su inmensa terraza llena de cosas. En el sueño, mis padres, me llamaban porque una amiga mía que había aparecido en la casa(a la razón, hoy una empresaria de éxito pero con un quinquenio de experimentación y autoexploración) le había confesado a mis padres que se había puesto morocha de setas y tenía unos grandes deseos suicidas, y mi presencia era requerida para parar el momento.
Recuerdo que ella me hablaba, se arrepentía como otras tantas veces, yo la escuchaba y me abrazaba. En mi sueño, era más alta de lo que es en realidad, y recuerdo del sueño el tacto de su camisa de tergal y el roce de unos pechos pequeños de pezones duros, que nunca experimenté, al menos de ella, y menos tan pudorosa, se iba a permitir ir sin sujetador y joder, hablamos de los noventa.
Volver a la rutina de los días, después de un tiempo, que aunque breve, se te ha movido todo, es complicado. Ver la enfermedad de Jose, un trabajador ejemplar que no se quejó ni de una jubilación injusta, por rácana y no ajustada a derecho. Te comes, a una suegra con alzeheimer, una esposa depresiva de por vida, una vida ligada a una tierra dura, y escasa y ahora cuando tienes tiempo y dinero, aunque sea escaso para disfrutar de esos años, un cáncer de pulmón, que los médicos no saben muy bien por donde cogerlo....
Siempre tuve claro que mi voluntad, va más allá de las apetencias y deseos de los demás. Mi labor de servicio público en estos dos últimos años sosteniendo una gente que ni pincha ni corta, pero que me da de comer, me hace replantearme todo, cuando ves que tienes posibilidad de emprender otro camino que gente con ingenierías o plaza de bombero escogen....la pela es la pela y la felicidad la da la abundancia, y a ti, te encontré en la calle.