Algo. Algo tiene que salir de la pluma, del núcleo central del universo, de las puertas de difícil acceso. Algo que tenga algún sentido, y sin sentido las palabras extraídas, al azar, insuficientes, mortales. Sin razón de ser y estar. Nada, parecen llamarse Nada.
Llorando, la mano que sostiene la pluma llorando, en silencio, lágrimas ausentes. Quejidos diurnos, diarios, en compases, quejidos en ciclo, sin fin, inacabables. Las manos que tocan la cabeza, allí, posadas, donde se posan los pensamientos sin fin, inacabables, allí, donde yace el universo, sin el motor que hace girar el engranaje.
Las manos en la cabeza, insistiendo, golpeando, queriendo derramar palabras, palabras que no se llamen Nada, palabras perdidas, olvidadas, ausentes, que mantienen vivo el deseo del milagro, ese que implora que sigan existiendo las palabras que posiblemente ya dejaron de existir.
Buscando en lugares equivocados, perdiendo la habilidad de traducir los gritos de las paredes, quedándose sola, la pluma, el universo, en soledad, sin ayuda. Rasgando las superficies que ocultan vacíos, girando sobre si, observando sin ver, sin querer ver. Huyendo y como consecuencia de huir, las lágrimas. Los pensamientos. Sin fin, inacabables.
Detenida, la pluma posada en la hoja. Obstinada. Algo, algo tiene que salir. Palabras que no se llamen Nada, Mientras tanto, Saliendo del paso, Cualquier cosa. La puerta, en el interior, profunda, enterrada. Pidiendo el motor que haga girar el engranaje, más profundo, el motor, o el corazón, o el rincón lleno de sangre, o los demonios, o los recuerdos, o las explosiones atragantadas, o los nudos, que es lo mismo, el motor.
La puerta, exigiendo el sacrificio. A cambio de los favores una pieza que te descomplete, una lágrima, muéstrame un miedo, mandaré mis perros a morderte los talones, una gota de sangre, la pizca de locura que despierta. Lo que quieras. Déjame darte y arrebatarte. Atraviésame, siempre he estado. Pero exijo, exijo mucho. Soy la puerta ubicada en el centro del universo, existo en el infierno, o en tu interior, que es lo mismo, que somos lo mismo, el motor, tu y yo.