Conocer los adioses
La anciana se asomaba cada tanto a la ventana. Sus ojos lánguidos y quietos se concentraban en el afuera. Iba, regresaba a la cocina y volvía, como si estuviera aguardando a alguien. Su joven nieta la veía desde el sofá de la sala, extrañada e intrigada por el constante e invariable recorrido que hacía, una y otra vez. Con curiosidad, le preguntó:
_¿Qué haces, abue?
_Esta mañana me enteré que anoche se murió Martica, la última amiga que me quedaba viva. Tú debes acordarte de ella porque en mi último cumpleaños ella vino con su hija. Ya en esa oportunidad estaba malita. ¿Te acuerdas? Fue la que vino en silla de ruedas y casi no podía hablar porque se cansaba mucho. Ella era mi amiga desde la universidad.
La anciana iba y venía a la ventana. La nieta la observaba con curiosidad, pero no quería interrumpir sus pensamientos. La anciana prosiguió:
_Tu abuelo me dijo que morir no era malo, que cuando mueres ya no sientes nada, nada te duele. Es como si cambiaras de un carro viejo por uno nuevo. ¿Tú te imaginas? Martica ya debe haber dejado atrás ese cuerpo enfermo que le dolía tanto. Tu abuelo también debe haber dejado todas las enfermedades que tenía.
_Morir no es malo, malo es ver cómo todos se van primero. Tener que despedirte y no poder irte con ellos. Yo no sé en que consiste que unos se vayan ahora y otros luego. Mira todos los que se han ido, que si Ana, Martica, tu abuelo y yo aún estoy aquí, esperando el final que me sirva de consuelo.
En eso la anciana empezó a saludar hacia afuera y la nieta le preguntó con cierto recelo:
_¿A quién saludas, abuela, con tanto desespero?
_A Martica. Acaba de pasar caminando, sin la silla de rueda, rumbo al cielo.
=<:>=
_Esta mañana me enteré que anoche se murió Martica, la última amiga que me quedaba viva. Tú debes acordarte de ella porque en mi último cumpleaños ella vino con su hija. Ya en esa oportunidad estaba malita. ¿Te acuerdas? Fue la que vino en silla de ruedas y casi no podía hablar porque se cansaba mucho. Ella era mi amiga desde la universidad.
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La anciana iba y venía a la ventana. La nieta la observaba con curiosidad, pero no quería interrumpir sus pensamientos. La anciana prosiguió:
_Tu abuelo me dijo que morir no era malo, que cuando mueres ya no sientes nada, nada te duele. Es como si cambiaras de un carro viejo por uno nuevo. ¿Tú te imaginas? Martica ya debe haber dejado atrás ese cuerpo enfermo que le dolía tanto. Tu abuelo también debe haber dejado todas las enfermedades que tenía.
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_Morir no es malo, malo es ver cómo todos se van primero. Tener que despedirte y no poder irte con ellos. Yo no sé en que consiste que unos se vayan ahora y otros luego. Mira todos los que se han ido, que si Ana, Martica, tu abuelo y yo aún estoy aquí, esperando el final que me sirva de consuelo.
En eso la anciana empezó a saludar hacia afuera y la nieta le preguntó con cierto recelo:
_¿A quién saludas, abuela, con tanto desespero?
_A Martica. Acaba de pasar caminando, sin la silla de rueda, rumbo al cielo.