El niño que vivía en la luna
Desde el primer día que Juancho la vio se enamoró de ella. Gateaba en esa época y le atraían los agujeros en el piso, las piedritas que se llevaba a la boca, las hormigas que corrían cuando lo veían venir. Pero una noche alzó la cabecita y se encontró con la luna. Le pareció tan linda como su mamá, tan grande como las galletas que le daban y tan blanca como los pechos maternos.
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Para dormir a Juancho, la madre tenía que llevarlo afuera para que sus ojitos buscasen la claridad e hipnotizado con su resplandor, Juancho caía en un profundo sueño. A temprana edad supo que la luna lo perseguía y corría solo para ver la luna detrás de él.=0x:*:x0=
Cuando crecía, eran muchas las veces que Juancho se caía o se ensuciaba porque más que fijarse por dónde caminaba, su mirada siempre estaba puesta en el cielo. La gente que lo conocía decía que vivía en la luna y que seguro que cuando creciera, se convertiría en un astronauta.=0x:*:x0=
Y Juancho creció como crecen los árboles y más que astronauta, se hizo poeta. Y la luna no solo le sirvió de musa y de compañía, también le sirvió de casa donde refugiarse cuando la lucidez lo invadía y tanta realidad lo dejaba ciego.
Para dormir a Juancho, la madre tenía que llevarlo afuera para que sus ojitos buscasen la claridad e hipnotizado con su resplandor, Juancho caía en un profundo sueño. A temprana edad supo que la luna lo perseguía y corría solo para ver la luna detrás de él.
Cuando crecía, eran muchas las veces que Juancho se caía o se ensuciaba porque más que fijarse por dónde caminaba, su mirada siempre estaba puesta en el cielo. La gente que lo conocía decía que vivía en la luna y que seguro que cuando creciera, se convertiría en un astronauta.
Y Juancho creció como crecen los árboles y más que astronauta, se hizo poeta. Y la luna no solo le sirvió de musa y de compañía, también le sirvió de casa donde refugiarse cuando la lucidez lo invadía y tanta realidad lo dejaba ciego.