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Sentir tus manos, era sentir el cielo.
estar a tu lado, era perder mis miedos.
A esa pequeña edad, tu presencia era mi necesidad.
Cuando no te veía, mi corazón latía a gran velocidad.
Tú, la imperfecta, la que a veces dormía aunque yo estuviera despierta.
Cansada como cenicienta, te dolían hasta las piernas.
Con descuidos inconscientes, que toda madre comete. Con afanes de la vida, que uno como hijo a veces no entiende.
Aún así, hiciste mucho por mí. Aunque muchas veces te herí, otras muchas te hice reír.
En el camino, olvidé tus caricias, olvidé tus mimos.
A veces por egoísmo, otras por sentir que eran un fastidio.
Porque la dura adolescencia, me hizo esclava de la rebeldía.
Me hizo olvidar esas caricias, me hizo creer que no las merecía.
Pensaba que me descuidabas, cuando era yo quien se alejaba.
Pensaba que era menos amada, cuando la vida tú, por mí la dabas.
Ahora pido a Dios nos dé más tiempo, para seguir demostrando con versos, lo mucho que te anhelo.
Para darte más abrazos, para darte muchos besos, para decirte Te Amo mucho más que el mundo entero.
Celebro la edad adulta, las experiencias de la vida. Celebro que me han enseñado, que eres tú la reina mía.
Aprendí a tiempo, a valorarte como madre. Ya no me siento culpable, por las palabras que no te dedique antes.
Pero hora el viento te acaricia. Caricias que no puedo darte.
Porque ahora lejos te tengo, Mi querida y amada Madre.😪
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