El movimiento de uno solo de sus dedos bastó para que Andry se diera cuenta del ser tan poderoso tenía ante sí. Ya que consiguió provocar una especie de ventisca de fuego que aniquiló cien kilómetros a la redonda.
Se creía preparado para enfrentarse a Mathor en un duelo, pero éste ya había empezado y podía sentir que su derrota sería prácticamente inevitable.
De nuevo había llegado su turno, Andry movió dos dedos de forma casi imperceptible y congeló todo un continente, permanecería en ese estado durante al menos 50 años de forma irremediable.
Mathor se dio cuenta de que su rival era mucho más poderoso de lo que en un principio había imaginado, se tendría que andar con ojo, porque de lo contrario podría llegar incluso a eliminarlo.
El duelo entre dioses continuó al menos otros 400 años, generaciones vivieron y murieron viendo el enfrentamiento y muchos otros también lo hicieran fruto de la ira de ambos.
Su poder era tal, que llegó un momento en el que apenas les quedaba nada por destruir en el Universo, todo había sucumbido ante el choque de tan temibles titanes.
Andry y Mathor eran ajenos a todo eso, solo les importaba ser el más fuerte y estaban dispuestos a lo que fuera con tal de salir vencedores.
Cuando no quedó nada por destruir, decidieron volver a crear un nuevo Universo con el que poder continuar su terrible e interminable duelo de dioses.