Eran las 4 de la mañana, tras un día confuso, repleto de sensaciones, muchas de ellas enfrentadas dentro de mi cabeza, decidí que había llegado el momento de ir a dormir.
Llevaba días sin apenas descansar, durmiendo lo mínimo y mal, mi mente trabajaba más duro de lo normal, lanzando todo tipo de pensamientos sin control.
[Foto Propia]
Había llegado el momento de darle descanso, de que ella me diera también descanso a mí, quería la paz, la armonía de un feliz sueño, pero no pudo ser.
Otra vez estabas en mis sueños, de nuevo volviendo a recrear una y otra vez las mismas escenas, instantes pasados en los que compartíamos aquellas cosas que amábamos hacer juntos, en las que perdíamos la noción del tiempo y vibrábamos de pasión.
Me despierto, angustiado, desorientado, no sé qué hago aquí, no sé dónde estás, ni por qué no estás. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha cambiado? ¿Dónde te has escondido?
Te busco por todas partes, pero solo te encuentro dentro de mí, en mi cabeza, en mis recuerdos, esto es peor que una pesadilla, porque sé que estoy despierto y no puedo alcanzarte para abrazarte igual que lo hacía en mi sueño.
Te pienso, me duermo, te sueño y te abrazo por fin…