El perdón después del dolor
"Un recorrido al pasado, varios golpes esquivado", eso pensé, hasta que verdaderamente vi la causa de recordarlos. Corazones rotos hay en todos lados y la música existiendo para consolarnos, junto con el confortable acompañamiento de un trago amargo. En conflicto, saber o sentir, el licor bajando por nuestras gargantas es efímero y eufórico, pero la resaca en la mañana termina errando la razón, el principio de la autodestrucción.
Pocos han elegido la insalubre vida del boxeador, que lucha constantemente para mantenerse de pie y así, irse a celebrar su victoria en algún establecimiento donde derramen su dolor, y celebren su victoria con o sin cinturón. Los "antes" siguen presente, disfrazados en nuestro inconsciente, escondido para no canalizar la verdad que nos carcome la necesidad de querer sacar a la luz nuestro lado sincero y emocional.
Llevándonos a los acertijos, aumentando las hectáreas de este laberinto, pensamientos de la vida, bienes que nos hacen mal. Los niños aprenden a través del dolor, de la curiosidad que emanen a los rincones del mundo adulto es el comienzo de todo descubrimiento... sin rodeos, nadie pone los dedos en el enchufe dos veces por placer, al menos que seas yo, rogando por el cálido abrazo de la persona que más me ha golpeado…