No soporto la comparsa
de las burlas del mundo,
una risa macabra,
unas voces destempladas,
y luego un silencio profundo.
Como si la piel se estremeciera
por una soberbia explosión
que viene de mi corazón,
amargas las horas y una vana espera.
Veleidosa compañía que antes me gastaba,
muñecas de trapo que rompían los esquemas,
no eran capaces de escuchar un poema,
el ego fatal, hedonismo que mandaba.
Ahora trémulos e inseguros
transcurren entretenidos,
mis pasos desprevenidos,
rodeados de tantos muros.
Del otoño la hojarasca, dejó sin cobija mi feudo,
el olvido del espanto forjó las querellas,
cielo obscuro doloroso sin luna ni estrellas,
olvidado cadáver sin familia y sin deudos.
No te acerques destino, que ya te he olvidado,
entre miles de copas de algún licor añejo,
y sigo aquí postrado malherido y perplejo,
un olvido tan bizarro que solo disfraza el pasado.
No vale la pena llorar esta noche,
mejor es dormir y pausar las penas,
tortuosa avenida arrastrando cadenas,
son cosas de fantasmas o de un triste fantoche.
Que no quepan lamentos en esta gran habitación,
brindaré mientras recuerdo tu perfume de jazmín,
aunque ya están marchitas las flores de mi jardín,
igual levantaré mi copa con sarcasmo y emoción.
No todo se ha marchado de ésta tu estancia de ayer,
quedó tu silueta marcada en mis ojos que aun te extrañan,
la luz de la luna preciosa en algún lugar te baña,
y este obstinado pecho no te ha dejado de querer.