Prefiero marcharme hacia tus profundidades que estar embriagado,
por ilusiones vacías que van minando los sentidos, debilitando el deber,
en una angosta cornisa que pone en peligro el firmamento. Entre los reflejos
de aquellos días hubo un ceñido fragor, como el sonar de un tambor, que trae
los sueños volando, entre nubes de raso y de sentimiento.
El sonido atronador que trae de lejos el viento, se acerca cantando bajito y muy lento,
tonada de envidia, sufrida parodia de furia, ardiente como un tormento.
Así que espera por Dios un momento y conversemos un rato a solas,
veamos tan juntos la paz de las olas, que quiero volar sin pensar,
deseo olvidar el cruel juramento.
Como un frenesí que rasga la piel, perdí los anhelos en torva aventura,
sagrado pergamino en tinta muy pura, afán de mis adentros que tortura
el querer. No pienso evitar que tus pasos me alcancen porque esa estrategia
es sin duda eficaz, pondré de mi parte motivos sutiles que traigan siluetas
como un cielo fugaz.
Sombría la tarde que espera en tu ausencia, parece un espectro que baila
sin fin, no siento emociones, marchito jardín, retrato colorido que expresa
el matiz de tu mirada, como si en un espejo se vieran diferencias. Por eso
desvío mis ojos ovalados, la razón se extravió al seguir tus pisadas, me han herido
las palabras que parecían sagradas, me consuelo es infantil, el de soñarte a mi lado.
Es por esta razón agobiante que busco un camino seguro,
aunque no tengo ni idea de cómo, ni alternativas que sean fiables,
encrucijada confusa en mi pecho de alambre, prefiero tu voz amable,
me voy y te sigo a distancia, prefiero estrechar tu futuro.
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