Entre charcos y pocitos de lodo, navega la rana platanera, rodeada de su tutor proveedor, el racimo de plátanos del cenagal.
Entre los plátanos y la ranita ha surgido una intima simbiosis, en la que se brindan mutuo apoyo. La ciénaga húmeda y fangosa es el hogar que les alberga en una mutua interacción con el ambiente, fresco, silvestre, orgánico y vital para el ecosistema.
Ranita platanera colabora con la limpieza del terreno, lo libera de bichos y parásitos molestos, además de amenizar el ambiente con su particular croar.
El platanal por su parte, le provee alimento y compañía, que aunque silencioso, significa para ella un afianzado protector de su especie.
El pequeño batracio y su constelación familiar alegran con su canto al circunspecto platanal, quien trabaja ardoroso en una larga faena diaria desde su laboratorio vegetal, procesando fotosíntesis, clorofila, glucosa y sabia bruta.
La ranita ligera y desenfadada, entona alegres tonadas brincoteando entre los charcos, entusiasma el espíritu de los laboriosos platanales, quienes disfrutan plácidamente, de la bulliciosa serenata.
En el medio de ese ambiente húmedo se escucha con frecuencia, un murmullo mimetizado, en una discreta melodía:
…oh, oh ,m..jmjj..mjjm.., oh, oh!…
Son los troncos del platanal que canturrean y agitan sus brazos danzando al compás de la brisa, luego de la dura faena que implica madurar el fruto.
Con el sol en el poniente, la ranita se acurruca en la falda de un dulce y almibarado vástago, éste la arrulla en su regazo, tarareando una fonética canción de cuna.
Ambos dormitan en un coro de balbuceo pre locutivo.
Si te animas a participar, ingresa en este enlace donde podrás encontrar las bases del concurso:
https://steemit.com/creativecoin/@acropolis/convocatoriaalconcursosemanaldenanonarrativasemana15-s7ia6hmh5l
Gracias a todos por su visita y poyo permanente