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Cuando estamos jóvenes y la vida transcurre sin preocupaciones, nunca nos pasa por la cabeza lo que impactará en nuestras vidas la llegada de los hijos, no hay forma de explicar con palabras lo que un hijo representa para los padres, es el amor más sublime que puede existir, es un amor incondicional que supera todo. Los hijos, definitivamente son un regalo de Dios, es la manera de cómo Él nos demuestra su amor, pero los hijos demandan mucha dedicación, sacrificio, entrega y sobre todo comprensión.
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Hoy quiero hacer referencia a lo gratificante de percibir la sonrisa de un hijo ejemplificada en las fotos de mi hijo menor Juan Pablo... Cuando nos dejamos llenar con la sonrisa de un hijo comprendemos la capacidad y la fuerza que tiene de levantarnos el ánimo aún en medio de las dificultades y los dolores más inmensos del alma, su sonrisa es capaz de hacernos entender que no importa cuan grande y difícil sea el momento que vivas, él en medio de su inocencia y amor sincero llena cada espacio vacío, sana cada herida abierta y te llena de ganas para seguir adelante.
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Un niño que ríe es un indicativo claro de que su vida está llena de tranquilidad y alegría es decir, su vida fluye de manera normal y va creciendo con ganas de vivir!. Un niño que sonríe inunda cada rincón a su alrededor con ternura. Por esta razón, te invito a que valores lo que tu hijo te demuestra cada vez que ríe, procuremos llenarlos de momentos alegres ya que ellos son el mundo de mañana, un mundo que necesita personas optimistas, positivas, equilibradas, empáticas y sobre todo sanas y equilibradas mentalmente...