Llego el temido día en que Pancrasio debe retornar a su poblado, había viajado por las vacaciones escolares al llano, tierra donde nació y único destino de viajes familiar de los últimos años debido a la difícil situación económica de él y su familia, ya que desde que llego al poder el caudillo a la gran mina del mundo, una tierra de diamantes, oro, petróleo y coltan no ha cesado la crisis en los habitantes como Pancrasio que no se han incorporado a minar, a caporales de mineros, asaltantes o a seguridad en la gran mina.
Así pues que Pancrasio ahora le teme a moverse el no sabe si es por su carácter conservador pero cada vez que debe emprender un nuevo viaje el estomago se le arquea y siente mariposas revoloteando, solo de imaginar una avería de su ya deteriorado automóvil que tiene más de una década de comprado, así que cuando es imposible sacarle el cuerpo al viaje Pancrasio revisa fluidos, cauchos y frenos de su camastron, y luego de llenar de paquetes principalmente comida y ropa sucia porque nunca hay agua ni en su casa ni en la casa del llano, comienza su viaje de retorno,
Luego de un rato la carretera se vuelve intransitable, huecos por doquier, retoños de arbustos y pasto se asoman tímidamente por entre el pavimento haciendo recordar a Pancrasio lo que vio en la visita al llano, las casas que otrora eran de personas con recursos ahora lucen enmontadas y descuidadas, en algunos casos cujíes inmensos se divisan por entre los techos de los hogares abandonados y las aceras no son más que piedra pura, el cemento se ha desaparecido con la erosión, las calles vuelven a ser rurales como el siglo XIX y las casas sin pintura en el llano indican claramente que nada mas importa en la gran mina sino comer, de golpe vuelve de sus pensamientos porque un reten de velocidad lo sorprende, al frenar, el carro se desliza peligrosamente y Ruperta le increpa que tenga cuidado, el se disculpa y arguye que fue un problema del carro, los niños no se despiertan y Pancrasio voltea, va por un caserío que antes era el parador obligado de todos los viajantes , donde vendían chicharrón y cachapa, hoy luce desierto, dos solitarias personas hablan en uno de los negocios que queda abierto
¿qué voy a comprar para comer y como lo haré?, en ese momento como cercenado por una guillotina acabo el cavilar de Pancrasio, los capataces se aseguraron que algo mucho más importante que su porvenir lo apremiara, su sola existencia hoy.