Un juego de los Leones del Caracas contra los Navegantes de Magallanes de Carabobo, ambos pertenecientes junto a 6 equipos más a la Liga Profesional de Béisbol de Venezuela, la principal del país; desde décadas atrás paraliza totalmente la nación contando cerca de 20.000 espectadores considerados afortunados, que presencian los encuentros directamente en el estadio cada vez que sus equipos se enfrentan. Mientras que los otros equipos de la Liga se desempeñan en un área donde habitan cerca de 15.000.000 de habitantes la mitad de los nacidos en Venezuela y que en su gran mayoría son seguidores del deporte.
El Béisbol pico adelante.
Pero es que el béisbol en Venezuela se arraigo junto al crecimiento de la naciente industria petrolera y su marcada influencia Norteamérica, consolidándose para el año 1941 cuando la Selección de Béisbol Amateur de Venezuela se tituló campeona de la Serie Mundial de la especialidad jugada en La Habana, Cuba, repitiendo los títulos para los años 1944 y 1945. Convirtiéndose así en los primeros logros de la nación en deportes colectivos lo que propicio una euforia general y el fanatismo que hoy día aun se vive.
Fanatismo silencioso.
Pero ya para finales de la década de los ochenta y principio de los noventa el fútbol de Venezuela hacían que estos encuentros de béisbol parecieran solo juegos aficionados cuando equipos como el Deportivo Táchira, recibía en un ambiente digno de las mejores ligas del mundo al Marítimo de Caracas, Estudiantes o ULA ambos de Mérida, llenando su sede el estadio “Pueblo Nuevo” con 40.000 espectadores o cuando esos mismos equipos de Mérida que en su antigua sede del “Soto Rosa” albergaban el máximo de su capacidad, unos 15.000 espectadores aproximadamente mientras que la ciudad entera respiraba y hablaba de fútbol toda la semana.
Desde Guayana al sur oriente del país, dos equipos Mineros y Minerven, paseaban por todo el país un exquisito juego que provocaba admiración general no solo en el país sino en el continente, mientras que en la capital un grupo farmacéutico comenzó a invertir en uno de los proyectos de fútbol más éxitos del balompié nacional el Caracas F.C.
Todo esto dio pie para que a principios del siglo actual el Doctor Richard Páez Monzón, primero dirigiendo al Estudiantes de Mérida hasta cuartos de final de la Copa Libertadores de América de 1999 y luego al frente de la "vinotinto", uniera al país en torno a la más grande pasión deportiva conocida hasta la actualidad: el “Boom vinotinto”.
Más allá de transformar dentro de la cancha a un equipo perdedor de antemano en uno que se enfrento y venció a los grandes de Sudamérica, dando con su irreverencia al jugar espectáculos de gran nivel, logró aglutinar financiamiento, marketing, identidad y por primera vez en mucho tiempo sentido de pertenencia en todos los venezolanos.
Este fenómeno a pesar de la evidentes fallas en las estructuras federativas, se han mantenido hasta hoy día, con relativa estabilidad por espacio de cinco ciclos diferentes y se ha producido una camada de estrellas que brillan en las ligas más importantes de todo el mundo y que definitivamente otorgan al fútbol el título del deporte rey de Venezuela, título que debe refrendar con la consecución de un titulo a nivel internacional, mas allá del subcampeonato mundial de la categoría U-20 logrado por Venezuela.
Abrazos de todos y para todos
Dango