Es el país número 50 que reconoce a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, y sigue cercándose un gobierno que se resiste a abandonar el trono, más por interés personalista que el bien común.
A partir del 23 de enero, el gobierno de Maduro habrá puesto a prueba su verdadero poder político, y su caída abrupta en el escenario internacional, y aferrarse a sus tentáculos nacionales.