Hoy, conversando con un joven amigo, profesional y emprendedor, excelente trabajador, honesto y responsable, me dijo:
-"¡Este país murió!"
Yo, quedé callado, pensativo y comencé a reflexionar...
La muerte, a la que muchos le temen, y otros adoran, es sinónimo de desolación, tristeza, desesperanza, llanto y paralización...Desde el punto de vista del cuerpo humano es la paralización o cese de funciones de todos los órganos y la elevación o paso del alma a otro plano.
El diccionario de La Real Academia Española presenta varias definiciones de muerte: "Cesación o término de la vida."; "En el pensamiento tradicional, separación del cuerpo y el alma."; " Destrucción, aniquilamiento, ruina". La muerte de un imperio.".
La tercera definición de muerte se refiere a "Destrucción, aniquilamiento, ruina" , entonces, cuando lo asocio con la expresión: ¡Este país murió¡, no estaría muy lejos de la realidad. Y no es cuestión de ser pesimista, simplemente es una realidad que se vive día a día en Venezuela: con una diáspora creciente, limitada solo por la dificultad para obtener el pasaporte; gente que atraviesa la frontera y se trasladan caminando hasta Colombia, Ecuador, Perú, Argentina buscando sobrevivir y huir de la destrucción, el aniquilamiento y la ruina, llevando las cenizas en sus pies de un país que estuvo en vías de crecimiento y desarrollo, con recursos naturales abundantes, mano de obra calificada y profesionales que día a día aportaban al desarrollo del país, hoy tristemente han emigrado porque sus ingresos mensuales no le alcanzan ni siquiera para adquirir dos kilos de arroz, quedando las empresas sin mano de obra que lleve adelante, de manera adecuada, el funcionamiento de las mismas.
El hecho de que las empresas (públicas y privadas) presenten un déficit de personal conduce necesariamente a la involución del país, situación que ha sido advertida desde hace mucho tiempo pero no se han tomado los correctivos necesarios, conduciendo a la “destrucción, aniquilamiento, ruina" de las mismas y a su probable muerte.
Con respecto a la definición de la muerte como la "Cesación o término de la vida", se puede asociar con la gran cantidad de muertes que ocurren día tras día por la falta de medicamentos, que por cierto en el exterior no tienen la más mínima idea de la real situación, ausencia de insumos, materiales y equipos vitales en los centros hospitalarios y hasta en las clínicas privadas. Unido a esto la escasez de alimentos que está conduciendo a una desnutrición generalizada, incremento de la prostitución a cambio de un plato comida, la “muerte” de la ilusión y la esperanza de muchos niños que no pueden alimentarse para asistir a la escuela o practicar alguna otra actividad, maestros y alumnos que se desmayan de hambre y ancianos que mueren infartados en las colas para lograr cobrar una pensión mensual con la que alcanzarán comprar, de tener suerte, un cartón de huevos.
Venezuela, un país petrolero donde su población pasó de vivir con ciertas comodidades a ser los mendigos de América en muy pocos años, va camino a la oscura fosa de la muerte, y los países vecinos, que coquetearon y se enamoraron por años con la llamada revolución, tendrán que tapar sus narices por la fetidez que, probablemente por décadas, se desprenderá del cuerpo putrefacto del otrora país petrolero.
Lamentablemente, estamos muy cerca de afirmar la expresión de mi joven amigo:
"¡Este país murió!"
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