Una tarde de agosto posada en mi balcón esperando caer la noche y recordando como pasa el tiempo que no nos da ni chance para esperar a que las personas cambien por nosotros. Todos se van en busca de un mejor lugar, una mejor vida, una mejor foto. Cada vez mi Venezuela se queda con menos jóvenes que pierden la fe en un país destrozado por la mano humana; donde ya no existe valores sino que estamos sumidos en los estados bajos como el hambre, la ira, la avaricia y la animalidad. Donde no existe ese Venezolano hermano que nos apoyábamos uno con otro, donde nos quitábamos el plato de la boca para dárselo a la visita. Esa tacita de café por la tarde viendo el programa numero 1 de la televisión humorística, que ya de tanto verlo nos aburría; pero nos encantaba estar ese rato en familia y ver a nuestros abuelos emocionado viendo el programa.
Si nos vamos de esa Venezuela que ya no reconocemos por que esta muy lastimada, pero a quien le dejamos a nuestros abuelos o padres que todavían apuesta por una mejor Venezuela y que quizá ya nuestras conversaciones sean a través de una pantalla y donde se queda el cariño que por ese medio no podemos sentir...