Amigos de Steemit, ¡qué placer saludarles! Hoy les traigo una historia llena de motivación, decisión y confianza en sí mismos.
Estoy segura que muchos de ustedes han escuchado la famosa frase del actor estadounidense Will Smith en la película “En busca de la felicidad” que dice así:
Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto.
La traigo al tema ya que esta describe a la perfección al personaje de este post: Adolfo Landazuri.
Adolfo es un joven venezolano, residenciado en Valera, estado Trujillo. Todos sus amigos y familiares lo conocen por una característica muy evidente en él: lo extrovertido. Le gusta hablar hasta por los codos, como dicen los venezolanos.
Aunque a muchos les cueste, para él es fácil demostrar lo que siente, tanto lo bueno, como lo malo. No le apena dar abrazos o decir un halago, ni tampoco decir que algo no le gusta. Es él en todo su esplendor.
Ahora bien, como dice el dicho, no todo lo que brilla es oro. Y no todo lo que mostramos las personas es así realmente. A pesar de que Adolfo se caracteriza por ser muy alegre, ha pasado por momentos difíciles.
Un futbolista frustrado
Según la Fundación Adecco, una institución española, el 26 % de los niños quieren ser futbolistas cuando sean grandes. Y justamente a ese porcentaje pertenecía Adolfo.
Desde que era pequeño, soñaba con ser un gran futbolista. Durante muchos años, su vida giró en torno a ese deporte. Pasaba el día viendo partidos de fútbol, jugando fútbol en videojuegos y también en las veredas de su comunidad. Tanto fue su deseo que un día sus padres decidieron meterlo en una escuela de fútbol. Para él, ese fue el día más feliz de su vida.
Con el pasar de los días, Adolfo se emocionaba más. Pertenecer a un equipo de fútbol le hacía sentir pleno. Pero la felicidad no le duró mucho. En los entrenamientos, se cansaba rápido y sentía una gran presión en su pecho. El entrenador notó la situación y se lo comentó a los padres del niño quienes no dudaron en llevarlo al médico.
Luego de la necesaria revisión médica, Adolfo recibió una noticia que no esperaba escuchar: era asmático. A pesar de que con tratamientos él podía seguir practicando el deporte, sus papás no lo dejaron continuar en esa disciplina.
Para él, como para cualquier persona que le quiten lo que más ama, fueron días difíciles. Ni ganas de ir al colegio tenía. Nada lo emocionaba y todo le perturbaba. Por muchos días estuvo amargado y no quería hablar con nadie.
Y así pasaron los años, con un sueño frustrado, logró terminar el bachillerato y allí llegó la pregunta que lo venía persiguiendo “¿Qué carrera voy a estudiar si no puedo ser futbolista?” Nada le llamaba la atención, solo el fútbol.
Durante las vacaciones, algo bueno pasó. Adolfo comenzó a ver programas de cocina. Diariamente los veía e intentaba hacer las recetas. Le agarró tanto gusto a la cocina que tomó la decisión de inscribirse en una escuela de gastronomía para convertirse en chef.
Un prejuicio sin valor
Los prejuicios nublan las miradas. Las personas suelen hacer juicios previos negativos cuando no están de acuerdo con una acción o situación. Esto fue lo que ocurrió con Adolfo. Al comentarle a su papá que quería ser chef, él le respondió “eso no es una profesión y, además, es un oficio para personas homosexuales”.
Adolfo no contó con el apoyo de su papá. El prejuicio le nubló la mirada. Sin embargo, él no se detuvo, fue como Will Smith: no dejó que nadie le dijera que no podía; quiso algo y fue por él.
Durante dos años, Adolfo realizó estudios técnicos en Panadería. Realizó las pasantías durante 1 año en una de las mejores panaderías del estado Trujillo y, además, fue reconocido como uno de los mejores panaderos.
Adolfo Landazuri es un ejemplo de que quien quiere lograr algo, puede hacerlo. Solo hay que tener decisión, motivación y confianza en sí mismo. Y aunque se quiera contar con el apoyo de nuestros seres más queridos, no siempre podrá ser así.
Así que ¡a soñar en grande e ir por nuestros sueños! No importa qué tan grande sean los obstáculos: si lo quieres, lo obtienes.
Con mucho cariño,
Mafer.