Una triste bachaca cansada y frustrada de tantas colas para subsistir, se le arrugo hasta el pelo por tanto desasosiego bajo la radiante luna que pega al medio día en la avenida del centro. Llego a su triste casa sin nada y con los ánimos desechos, profiriendo toda clase de poesías y versos a los gobernantes electos cuyas rimas hacían concordaban con la madre de estos políticos modestos. Después de tanta poesía a estos u otros personeros, dice a si misma: "no, mejor me mudo al cielo", y rápidamente se pone la cuerda bien templada en el cuello y lo amarra a la mata de cambur topocho que tiene en el terreno.