Seguir a Jesús implica una vida de triunfo al manifestar con nuestras vidas su amor, al convertirnos en un instrumento de paz dentro de una sociedad convulcionada y sumerjida en la violencia, individualismo e indiferencia. Seguirle también involucra, en vez de la venganza, el perdón de las ofensas del prójimo, tal como Él perdona nuestras ofensas.
Es necesario convertirnos a Él y seguirle comprometidamente para trabajar con esperanza y optimismo en la resurrección de una Venezuela próspera, unida, fortalecida, reconciliada y justa. Un país donde el venezolano día a día, viva una realidad digna de llevar, superando y dejando al olvido el triste pasado de las colas, las escaces, la inflación, el hambre y la inseguridad, y digo trabajar por la resurrección del país, porque actualmente todo su sistema de desarrollo económico, político y social está colapsado, ya a punto de morir. Por tal motivo esta situación de trabajar por la resurreción del país, nos debe impulsar al brote de un renacer, de una nueva vida, derrotando toda provocación que invite a la violencia, el odio, la intolerancia y la venganza.