Viajando por la huasteca potosina me encontré una noche en un pueblecito en la serranía formado por casuchas en mal estado, sin un hotelito para descansar y con una tormenta que se acercaba desde las altas montañas y amenazaba la continuidad de mi viaje.
Impaciente por llegar a la ciudad, anduve caminando las enlodadas calles en busca de alguien que quisiera llevarme en un vehículo cualquiera. Un lugareño me hablo de un criador de cerdos que tenía una camioneta que podía alquilar, pero el hombre no se encontraba de momento y lo único que podía hacer era esperarlo.
Como también sentía hambre, me acerque a una anciana que en la puerta de su jacal miraba atenta y como divertida mi ir y venir solicitando ayuda; me llamo la atención su mirada, su media sonrisa de desdén y su interés que yo juzgue irritante curiosidad pueblerina. Perdone, madrecita le pregunté ¿no podría venderme un café con un pan, mientras llega don Víctor?, ¿te urge llegar a la ciudad? La verdad sí... Pero además, no he probado bocado desde la mañana... Te serviré un café con leche, no te preocupes, y no te cobraré nada, ni por eso, ni por el hospedaje.
Mire, señora, yo voy a continuar mi camino, no pienso dormir aquí.
Pues sería bueno que lo hicieras ¿sabes? No siempre deseamos lo mejor...
No la entiendo.
Quien sabe si el haberte detenido en este pueblo fuera lo que Dios quiso... Y no hay que oponerse. Sé dé cierto que un rayo caerá está noche en medio de la carretera... ¿quién te dice si te toca?
Le iba a preguntar por qué estaba tan segura de que un rayo caería en cierto lugar, pero ya la estaba siguiendo hasta el interior de su humilde cocina y por los objetos que colgaban de las paredes y del techo, todos relacionados con la hechicería típica de la región, advertí que me hallaba frente a una sanadora, bruja, o como quieran llamarle, y que lo mejor era conservar la armonía no discutiendo sus poderes.
No... Seguía murmurando ella no es nada bueno entercarse en algo... El hombre nunca pregunta el precio que va a pagar por lo que anhela. Te contaré el caso de una novia impaciente... Y tú después decidirás.
Y así mientras se afanaba cerca de un anacrónico fogón y me servía un café, comenzó su historia.
Hace años que vino a buscarme una muchacha, una señorita de la ciudad, muy elegante, lujosa... En un automóvil con chófer... Porque has de saber que mi fama se extiende hasta la capital y vienen a consultarme señorones de todas partes del país... Decía que llegó ella y aunque sonreía yo la veía triste, triste por dentro y desesperada, así es que lo primero que hice fue barrerla con ruda y pirul y después encenderle nueve velas, para que se le iluminará la conciencia. Hasta que la tuve bien alumbrada le pregunté lo que quería...
Vengo a que me ayude doña ticha, es cuestión de vida o muerte para mí... Estoy enamorada de un hombre y él me ha abandonado.
Los hombres se desaparecen por muchas razones, muchacha... Tal vez este enfermo, o en la cárcel.
No se nada de él, ni me importa... Lo único que quiero es que vuelva conmigo, que cumpla su promesa de casarnos... No quiero perderlo Hay otros hombres en el mundo... Montones.
Me interesa solo este, no quiero saber nada de ningún otro. Vengo a que ud haga algo para regresármelo... ¿O es que no puede hacer nada?
Como poder, claro que sí... Existen hierbas y procedimientos para obligarlo a volver a ti, muchachita... Pero ¿para qué lo quieres medio idiota, por ejemplo, atontado por lo que le dieras a beber? Uno de los problemas es que no puedo darle nada. Nos vimos una noche, me juro que me amaba y al día siguiente desapareció y ninguno de sus conocidos lo ha visto de nuevo. Ah caray... Me la pones más difícil.
Dicen que usted hace prodigios, que su magia atraviesa fronteras.
Bueno, si se fue a los estados unidos ya volverá con dólares.
No... No fue para allá, además, yo lo quiero ahora mismo, no puedo soportar está separación.
Eres muy impaciente... Estas cosas hay que tomarlas con calma.
Le pagaré lo que sea, pero necesito que mi sufrimiento termine... Lo necesito conmigo ya... Ya, de inmediato.
La vi tan desesperada que cedí, aunque sin gustarme mucho tanta exigencia. También a la magia hay que darle su tiempo... Sin embargo, le preparé una pócima especial y le hice anotar ciertas indicaciones acerca de la hora, lugar y fecha en que mezclándola con su sangre debería aventarla a los cuatro puntos cardinales, mismos por los que debería airear la fotografía de aquel hombre, mencionando su nombre siete veces... Le jure que el trabajo era infalible y ni siquiera le cobre. ¿Y qué pasó? Le pregunté interesado ¿el galán volvió?
Volvió, sí... Mis pócimas no fallan... Regreso la misma noche en la que ella práctico el embrujo.
¿Y como lo supo usted? ¿Vino ella a contárselo?
Así es... Ella también regreso, pero de aquella elegancia ya no quedaba nada... Vino con el cabello revuelto y arrancado a mechones, los ojos desviados, con una risa demencial que se escuchaba hasta la barranca. Quería matarme y quemarme la casa. Afortunadamente mi espíritu protector, mi náhuatl se interpuso y la alejo de aquí... Nunca volví a saber de ella.
Pero... ¿por qué se enojó, si usted le había hecho realidad su deseo?
Porque el novio estaba muerto. Estaba ya muerto ¿comprendes? Cuando ella sin saberlo vino a exigirme que se lo devolviera. Y la pócima no falla... Ella convocó como debía de ser y él escucho su conjuro. Volvió de inmediato: un cadáver que se acercó arrastrándose hasta ella y que la enloqueció de terror.
Un niño se asomó a la puerta de la casucha.
Don Víctor, el de la camioneta ya llegó.
Yo no cumpliría mi deseo de regresar a la ciudad hoy mismo... No, no me arriesgaría canturreo la vieja.
Y creando ustedes o no, esa noche dormí en un sucio jergón en la casucha de la vieja.
Por la mañana, quise pagar y agradecer el hospedaje, pero no la encontré por ningún lado Que bueno que no se animó a contratarme anoche, con la tormenta que hubo me explicaba don Víctor horas después riendo en medio de una mañana soleada por la serpenteante carretera a lo mejor no hubiéramos llegado: hubo muchos deslaves y varios rayos cayeron sobre el camino... Pero pobre de usted, ha de haber pasado una noche de perros en ese jacal abandonado... Hasta con hambre, y sin tener siquiera donde acostarse. Desde luego, totalmente abandonado... Ahí vivía una vieja que dicen que era bruja, pero desde hace años, cuando murió, ya nadie quiere habitarlo.
Créditos a quien corresponda.
Aunque fue compartido por
Cesar Garmendia