Tras 5 días recorriendo carreteras de América del Sur, en mi travesía desde Valencia Venezuela a Santiago de Chile, la madrugada del Miércoles 12 de Julio (vacilando un poco con el día y la fecha, tuve que consultar el calendario, pues en ocasiones perdía la noción del tiempo) ha sido la primera hasta ahora en la que más se dificultó para mí el hecho de sumergirme en el mundo onírico... Tal vez porque ya era la segunda noche viajando al lado de alguien desconocido (pues a mis compañeros de viaje y a mi nos asignaron asientos separados por 2 días consecutivos, aunado a que ya no estaba mi primera compañera del inicio de la travesía latinoamericana, Vicky), no puedo dejar de mencionar lo lento que pasaba el tiempo (dormirme a las 9:00pm y despertar a media noche como si hubiese dormido una eternidad) y hasta la velocidad del autobús era lenta, podía visualizar a lo lejos desde mi asiento el marcador en rojo que indicaba 90km por hora y en ocasiones hasta 60km por hora, si eso no es como ir muriendo lentamente atravesando un desierto afuera se le parece mucho...
A su paso emerge de mí, mi faceta más extrañadora (pensar en mamá y papá es la apuesta de lágrimas afuera), esto me vuelve más comprensiva, sensible y paciente pues la noche anterior le había tocado la vigilia a otro de mis compañeros de viaje (John), hoy me tocó a mí, acepto y aprovecho el insomnio, pues la inspiración, y apreciación de la quietud y el silencio en ruedas me ha de traer más inspiración... Mientras tanto sigo leyendo "El hombre en búsqueda de sentido" de Viktor Frankl.
Agradezco al universo por la vida, a mis padres, a la tecnología a mi alcance que me permite documentar la experiencia en tiempo real y de forma práctica, y a estás tierras sagradas por permitirnos el ingreso!