Salir de la zona de confort y más cuando la realidad imperante está rota y deslustrada, es el cambio que alguna vez todos soñamos.
Algo nos movía a no poder dedicar ni un minuto a las rutinas destructivas, quien iba a creer desde afuera lo que era una realidad ya vivida por muchos.
El cambio no sería sinónimo de mejoras de un estado, y a esto me refiero si hablamos de lo económico, social o emocional. Como negarlo, si se vive mejor pero se crean nuevos problemas.
Regugiarnos es lo que queda, no hay como un emigrante diciéndole a otro recién llegado, es lo mejor que pudimos hacer, no hay otra opción, ni vuelta atrás paradójicamente, es la misma persona que lleva meses experimentando soledad, ansiedad y deudas.
Me lo dijo una amiga y hago un alto para recordarlo, los ahorros se diluyen en una compra semanal en el super, el próximo 15 toca pagar la renta y aun estando en un estado libre y de oportunidades, no tenemos trabajo.