Nuestra vida es semejante a un paisaje. No podemos pretender un único estado, una sola forma, un solo sentimiento o emoción... La belleza del paisaje está constituida por sus variados matices, sus formas diversas, sus altos y bajos relieves... En definitiva cada momento de nuestra vida es una porción del paisaje que constituye nuestro paisaje existencial.
Aún las hojas marchitas son galardones de oro.
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