La delicadez de una persona se mide por cuanto amor siente por la naturaleza; buscar estar rodeado por la creación virgen, es una de los placeres de las almas sublimes. Hay quienes han nacido en las ciudades, pero tan pronto pueden, buscan la cercanía con la fuente de la vida. El ambientalista Edward Abbey, nos dice que la naturaleza no es un lujo, sino una necesidad del espíritu humano, tan vital como el agua o el buen pan.
La joven pasa las horas más hermosas de sus días rodeada de la naturaleza, los animales sienten su paz y cariño, entonces se acercan confiadamente; creería que es otra manera de estar cerca del Creador y de percibir su amor por la vida. Ah, estos paisajes están preservados y respetados por normas ambientalistas, ¡enhorabuena!