Esta foto es de hace unos días, se fue la luz en 11 estados en Venezuela, estos mega apagones son cada vez más comunes. Así que este día decidí tomármelo con soda, como dice uno cuando le resta importancia a las cosas. Encendí una vela y me dispuse a seguir leyendo el último libro que me regalaron, de mi escritor favorito.
Estaba acostada en el mueble de la sala, alumbrada con la única vela que quedaba en mi casa y justo iba por una crónica llamada "El crujido de los optimistas".
Quiero citar este párrafo:
"Quizás es sano que a los optimistas les sea otorgado un día a la semana para deprimirse, para caer como bulto inerte sobre la cama, para apagar el zumbido extravagante de su esperanza, para lamerse las heridas de lo improbable, y dejar que el crujido de su desazón se expanda sin pudor. Los optimistas, cómo dudarlo, merecen su día sabático."
Debo decir que estoy de acuerdo con esta afirmación.
Todos tenemos derecho a sentirnos mal, por lo menos un día. Entregarnos a la tristeza, no hacer nada, comer lo que se pueda, dormir si se quiere, no hablar con nadie si no nos nace. Sencillamente, desaparecer. Solo un día, tampoco es que se vivirá a base de tristeza. Hasta los optimistas, los fuertes y los valientes necesitamos de un refugio donde caer, donde llorar, donde mostrarnos como estamos en realidad, y abrazarnos las heridas. Recordar que incluso cuando estamos solos, también estamos juntos en eso.