
El día de despedida fue eterno, nos arrugaba el corazón cada vez más al despedirnos una y otra vez de grandes personas que sin importar que fuera la primera vez que nos veíamos en persona, sentimos que nos conocíamos desde vidas pasadas por la calidez humana que llegamos a compartir entre abrazos y risas.

Ponerle rostros a las voces, sentimientos a las palabras y un cariño infinito a todos ellos me llenó el alma, la vida. Saber que hay todavía personas con las que podemos compartir sin miedo a ser nosotros mismos. A desatar un poco la existencia para que brille cada vez más. Imposible no querer seguir rodeado por ellos, trabajar con ellos.

Los ánimos, la euforia que me embarga al pensar y revivir todo no sucedido es mucha, no cabe en mí. La buena vibra que se compartió con todos fue maravillosa, es maravillosa. Los quiero a todos


