Recuerda:
En un pequeño poblado de aquel Japón de antaño, creció y se forjó un verdadero samurái que, con el tiempo, se vio obligado a formar un ejército de no más de una veintena de hombres, diestros en el arte del combate cuerpo a cuerpo con la espada.
Antes de cada batalla, llevaba a sus hombres a un templo a orar y luego de su salida, iban a un claro del bosque. Allí, él arrojaba al aire una vieja moneda que le había obsequiado su mentor. Si caía cara, ganarían la batalla; si salía cruz, perderían. Lo que sus hombres no sabían, era que esa moneda especial, había sido acuñada con una doble cara, es decir, tenía la misma cara en ambos lados.
Ese simple hecho de que la moneda dijese el destino de la batalla, le daba a su ejército la total confianza para ganar batalla tras batalla.
Él no dejaba nunca nada librado a la suerte y vaya que sabía motivar a ese puñado de hombres que darían su vida siguiendo sus órdenes.
¿Seremos capaces de preparar nuestras mentes para ir en busca de nuestra propia felicidad como un samurái?