materializaron.
El 1 de junio de 2017 Jorge Sampaoli asumió como DT de la Selección Argentina. Desde entonces, el ex Sevilla ha dirigido un total de trece partidos en los que no ha repetido ninguna alineación. Al prolongarse esta situación hasta el comienzo del mundial en el debut de La Albiceleste la semana pasada, las especulaciones giraban en torno a que quizá la intención del técnico era acoplar la formación al rival de turno a enfrentar, pero la realidad es que nunca hubo una idea clara de juego a establecer en cuanto al funcionamiento del equipo, motivo fundamental por el que a día de hoy Argentina se encuentra en la situación en que efectivamente está: Apenas 1 punto de 6 posibles y no dependiendo de sí misma para avanzar de ronda.
Y es que sin lugar a dudas estas son las consecuencias de error tras error a nivel estructural de la directiva de la AFA en cuanto a la toma de decisiones referente a la no continuidad de los proyectos, la cual obedece a quién sabe qué criterios o intereses. Ninguna selección que haya tenido cuatro técnicos en cuatro años puede triunfar, y la situación actual de La Albiceleste en una clara demostración de ello.
De por sí, ante esa realidad, era muy difícil que en esta cita mundialista Argentina trascendiera. Si a ello se le suma la convocatoria de jugadores dentro de los 23 que no se encontraban en plenitud de condiciones debido a lesiones o falta de continuidad en sus respectivos clubes, el fracaso, ya cantado, se agudiza. Por si fuera poco, si además se le añade planteamientos tácticos escasos de coherencia al momento de enfrentar a los rivales y en los cuales la elección de los intérpretes siempre fue sumamente equívoca, ya no hay nada que hacer.
En síntesis, Argentina está prácticamente eliminada del Mundial de Rusia en fase de grupos, y lo que el futuro le depara a esta selección se debate entre dos posibles escenarios: La continuidad de las acciones que ocasionaron esta debacle, o la apuesta a una renovación profunda a nivel federativo, de cuerpo técnico y jugadores que conlleve a un proyecto con verdadero fundamento que se trace como objetivo a largo plazo lograr el Mundial de Catar 2022. El fútbol y la vida misma se basan en una causa-efecto en la que si no existe preparación, el triunfo lógicamente no es posible. Si esa realidad se entiende e interioriza como tal y se empieza a trabajar desde dicha óptica, esta selección puede regresar a la élite del fútbol mundial, pero si por el contrario se siguen cometiendo los mismos errores lejos de aprender de ellos, no cabe dudas de que los fracasos continuarán.
Copa América de Ecuador, 1993.