¡Hola a todos! ¿Os gustaría leer el primer capítulo de mi (quizás) futuro primer libro?
Llevo mucho tiempo con la idea de escribir un libro rondando por mi cabeza. Pero por falta de tiempo, nunca he llegado a empezar. Pero hoy he decidido sacar un ratito y así poder por fin empezar, y he escrito de un tirón el primer capítulo. Pero cuando iba a revisarlo, he pensado que vosotros podríais decirme vuestra opinión.
¿Os parece interesante? Y lo más importante... ¿os gustaría que hubiera un segundo capítulo? Espero con mucha ilusión vuestras opiniones :)
¡Allá vamos!
DÍA 1
Cuando sonó el despertador, todavía eran las 5:42 de la mañana. ¿Quién diablos había cambiado la alarma? Entonces recordé que seguramente había sido Borja, un compañero del trabajo y al que le encantaba robarte el móvil durante el descanso.
Cuando volvíamos de fumar, ya que muchos de nosotros siempre aprovechábamos el descanso para paliar nuestra falta de nicotina, siempre te encontrabas con que Borja te había puesto el idioma del móvil en chino, te había descargado alguna app porno o mil tonterías que solo se le podían ocurrir a él. Aunque hay que admitir que algunas tenían su gracia, pero sólo cuando la víctima eran los otros.
Seguro, seguro que había sido él quién me había cambiado la alarma y me había hecho levantarme cuando la luna todavía seguía espiándonos. Qué cotilla ella… Toda la noche observando al mundo mientras nosotros, ajenos a ella la mayor parte del tiempo, cometemos nuestros pecados sin pararnos a pensar que la luna observa todo lo que hacemos.
Y como yo tengo un sueño raro, y una vez me despierto, sea la hora que sea, no puedo volverme a dormir, decidí darme una ducha y empezar el día antes de que el mundo despertara. Así quizás, con unas horas de ventaja, me diera tiempo a repasar el proyecto.
Fui al cuarto de baño y encendí el agua caliente para que empezara a salir antes de meterme yo. Eran mediados de abril y no hacía frío, pero yo nunca iba a cambiar mi costumbre de ducharme con agua caliente, y el placer de la temperatura a 28 grados sobre mi piel.
Cuando salí de la ducha encendí la televisión y puse las noticias. Nunca lo hacía ya que solía leer las noticias en los diarios digitales, pero hacía un tiempo que había decidido hacer cosas nuevas, y volver a ver las noticias en la televisión solo me hizo recordar porque dejé de verlas.
En Internet puedes elegir qué quieres ver y no hace falta que veas todo el telediario, así te ahorras enterarte todos los días de las mismas noticias de corrupción que solo hacen que hervir tu sangre.
De repente el teléfono sonó y me sobresalté. ¿Quién llamaría a estas horas? ¡Solo eran las 6:30 de la mañana! Durante unos instante me preocupé por si podría ser alguien de mi familia a quien por desgracia le hubiera ocurrido algo. Así que me levanté de la silla y fui corriendo hasta la mesita de noche donde había dejado mi teléfono cargando.
Pero en la pantalla no había ninguna llamada entrante. De hecho, el teléfono dejó de sonar. Me extrañé y miré en últimas llamadas, pero al ver que no aparecía, he de reconocer, que me entró miedo. Pero como mi móvil hacía siempre cosas muy raras, no le di mayor importancia y seguí viendo la televisión.
El resto del día fue como siempre, hasta que por la tarde, unos minutos antes de que apagara el ordenador para irme ya a casa, un repartidor trajo un pedido para mí.
Yo no había comprado nada pero estaba claro que era para mí ya que aunque era la dirección de mi trabajo, estaba puesto mi nombre.
Pensé en ir al despacho de mi jefa y preguntarle si era algo de la empresa, pero me caía muy mal y no me apetecía verla, así que decidí marcharme de allí lo más rápido posible para llegar a casa, y poder ver por fin, qué contenía el paquete.
Durante el trayecto a mi casa comenzó a llover. Es lo que tiene abril. Sales de casa sin chaqueta y vuelves deseando haber cogido chaqueta, paraguas y a veces, incluso chubasquero.
Una vez llegué, no tuve más remedio que cambiarme ya que los pies no era lo único que tenía mojado. Dejé toda la ropa tendida para que se secara y abrí la nevera para coger un poco de leche y prepararme un café.
Ese era uno de los mejores momentos del día.
Cuando llegaba a casa después de una dura e intensa jornada de trabajo, y el ruido del tráfico durante el trayecto a casa, el silencio que reina en mi habitación mezclado con el dulce aroma del café con leche, se había convertido en un ritual diario.
Estaba tan inmersa en mi taza de café que había olvidado por completo el paquete. Así que me levanté y fui a mi bolso a cogerlo. Pero al abrir el paquete, todavía había otra caja. ¿Quién en su sano juicio envuelve un paquete con otro paquete? El tamaño empezaba a disminuir así que, fuera lo que fuera lo que había dentro, no era tan grande como parecía en un principio.
Cuando lo abrí, me encontré con una tercera caja. ¡Tres cajas! No entendía nada, y mucho menos quién querría gastarme esa broma ya que no había remitente y no tenía ni idea de quién podría enviarme ese paquete.
Pero cuando me disponía a abrir la tercera caja, y seguramente/espero/ojala estuviera lo que fuera que hubiera en ese paquete, llamaron al timbre.
Me levanté y descolgué el telefonillo. Era mi amiga Julia que acababa de llegar a la ciudad después de su erasmus en Helsinki.
¡Había olvidado que llegaba hoy! Y le prometí que cenaríamos juntas su primera noche en España después de 9 meses sin vernos. Además era viernes y después de estar toda la semana currando, ¡necesitaba salir!
Así que cogí el bolso y me fui con Julia.
¿Te gustaría leer el capítulo 2?