Llegamos al punto en el que se puso de moda que hay que aprender a soltar. Casi que te lo imponen, aunque nadie sepa muy bien qué, ni cómo, ni mucho menos porqué...
Pero se habla de soltar lo tóxico, lo que hace doler, lo que no suma, lo negativo. Porque lo negativo es malo, y lo malo no suma... ¿pero existe algo que no sume, realmente?
En la modernidad líquida, el mandato dice que hay que aprender a soltar para aprovechar todo lo bueno, excluir lo malo, tan rápido como se pueda, hay que ser lo más felices posible.
Pero nadie cuenta el lado oscuro de la cuestión, la otra cara de la moneda. Nadie nos contó la otra parte, la parte en que "ser feliz siempre" tiene un costo demasiado alto, porque es imposible. Nadie nos dijo que la felicidad solo aparece para llenar el espacio de la tristeza.
Nos hicieron creer que venimos a este mundo a ser felices, cueste lo que cueste. Nos hicieron seguir un camino, queriéndonos hacer ignorar que cada uno tiene un camino propio, auténtico, y que en realidad, no nos lleva a la felicidad plena, sino simplemente a vivir la vida. Así, como nos salga, porque al fin y al cabo, nadie sabe cómo ser.