Y allí entonces de entre todos los sentimientos se presenta inesperadamente en nuestra vida el sentimiento del amor por alguien desconocido. Luz que enceguece, despertar de emociones no sentidas, néctar de vida, energía vital. Sublime sentimiento es el amor que nos envuelve cual arrullo de ninfa, que nos desnuda el ser, nos viste de virtudes y engalana de bondad. Asi entonces en la barca del amor navegamos felizmente entregados al excelso sentimiento que aflora desde nuestro profundo interior.
En las manos del amor comenzamos a desenmascarar nuestro propio ser a través del espejo del otro. A través de la entrega propia y la entrega del otro, las almas empiezan a entretejerse, a entrelazarse. Ya no hay cabida para la mentira o la indiferencia. Todo engaño, todo error acaso debilidad, no es más que el auténtico reflejo de nuestro miedo a no controlar nuestra voluntad.
Es entonces cuando tomamos conciencia que ya no somos uno solo, sino que somos parte del otro y el otro de uno. Es entonces cuando el amor comienza a enseñarnos lo más bello de ese sentimiento, lo más simple, lo más humilde, lo más puro. Somos lo que heredamos en nuestro interior brindado por el amor de nuestros padres, y a esto lo complementa lo que nos une, lo que nos enlaza a quienes amamos, sin exigencias, sin perfeccionismo ni explicaciones.
El amor no es solo belleza, felicidad, placer, también es dolor, sacrificio, lucha, es la más hermosa, ruda, sabia, enseñanza de la vida.
Fuente Foto Ppal