Vanessa tiene 31 años, es comunicadora social y vive en Valencia. Es una mujer delgada, de piel morena, cabello negro largo con rizos, y hoy tendrá una cita a ciegas. Hace mucho que no conoce a alguien, está saliendo de una relación muy larga. Le costó mucho decidirse pero al final lo hizo.
Mientras esperaba en aquel restaurante, tomó una libreta que compró exclusivamente para escribir sobre su nueva vida, y así comenzaba, tratando de cerrar un capítulo de mucho dolor: "Soy Vanessa, y hablaba con mi amiga Karla. Somos amigas desde niñas, me conoce perfectamente. Decido escribir estas notas puesto que hoy le daré un giro a mi vida, para continuar y olvidar de una vez por todas a la persona que me ha hecho sufrir en los últimos meses: Tatto. Ya no soporto más, así que hoy saldré con alguien nuevo para olvidarle de una vez por todas."
Comenzaron a hablar, sonrisas iban y venían, sobretodo de Vanessa pues los nervios la atacaban. Se arreglaba el cabello, sus manos sudaban. Él era muy amable, parecía muy seguro de sí mismo, hablaba con espontaneidad. Ordenaron sus almuerzos, y seguían compartiendo anécdotas. Vanessa estaba muy emocionada.
-"Parece perfecto, ¡no lo puedo creer! Que tipazo. Karla tardó demasiado en presentarnos jajaja, voy a escribirle"-
Un camarero se acerca y les pregunta si desean algo más. Javier se dirige a Vanessa que está sacando su teléfono del bolso y le dice:
Vanessa comenzó a escribirle a Karla un mensaje: -“Amiga es un hombre espectacular, es genial, nada que ver con Tatto, no sé cómo perdí tanto tiempo con ese gafo. Esto sí que es un caballero, se ve que es todo un galán, debe ser maravillo, buena gente, sensible. Gracias amiga te debo una"-
Cuando Vanessa levanta la mirada se consigue con una escena difícil de entender: el cupcake había sido cortado de forma transversal, es decir, separó lo de arriba de lo de abajo, así:
Vanessa, atónita, casi a punto de desmayarse no lo podía creer: había dejado para él toda la parte con crema y para ella solo el ponqué. ¡Era terrible! Estaba indignada. -“¿Cómo se le pudo ocurrir hacer semejante barbaridad con un cupcake? ¿Qué clase de persona es este mequetrefe? ¿Qué se ha creído?”- pensaba mientras su estómago se retorcía -¿Qué hago aquí sentada? Si es asi para un cupcake, ¿Qué puedo esperar para gastos del hogar, hijos, matricula del colegio, vacaciones? Noooo!
Y mientras observaba como ese animal devoraba la parte más rica del cupcake con sus dientes asquerosos y su sonrisa retorcida comenzó a pensar:
-”Mi Tatto jamás me haría algo así, yo sé que tiene sus defectos, y no será como este idiota, pero él jamás me haría algo tan horrible…”- siguió recordando las cosas buenas que había vivido con su ex, y las razones por las que terminó con él comenzaron a perder sentido. Tomó el teléfono y le envió un mensaje:
Unos segundos después sonó el celular…
Fuente de imagen y textos de mi autoria