Me acuerdo clarito del momento de esta foto, pues estaba en el apartamento donde aterricรฉ al llegar, mi pequeรฑa trinchera temporal. La vista era impresionante: el muelle Jacques-Cartier parecรญa un brazo congelado sobre el rรญo San Lorenzo, con ese cielo gris que parecรญa no tener fin y, al fondo, la ciudad aguantando la pela de las temperaturas bajo cero.
Pero esa vista era para admirarla de lejitos. Por otra parte, esa belleza era intocable para mรญ, veรญa a la gente paseando abrigada y sentรญa un poco de envidia. Para mรญ, salir no era una opciรณn. Reciรฉn llegado y sin la ropa adecuada โsin esa โarmaduraโ de parka y botas tรฉrmicas que aquรญ son religiรณnโ, salir del edificio se sentรญa peligroso. El frรญo de Montreal no es solo temperatura; es algo fรญsico que duele, y sin la ropa correcta, una caminata puede salirte muy cara... El frรญo de Montreal no juega carrito; es una cosa fรญsica que te muerde, que te pellizca โen serioโ, y si sales mal vestido, te congela hasta los pensamientos. Asรญ que me tocรณ vivir mi primer invierno pegado al vidrio, prรกcticamente abrazado a la rejilla de la calefacciรณn.
Como no podรญa tocar la nieve, decidรญ combatir el frรญo por el estรณmago. Las bajas temperaturas te obligan a meterle al cuerpo puras sopas humeantes, chocolates y cuanto lรญquido caliente existiera โexagerado, ยฟno?โ.
Esta foto es mi recuerdo de novato, de cuando me tocรณ ver los toros desde la barrera en el Viejo Puerto, aprendiendo a respetar al gigante blanco desde mi calefacciรณn. Soรฑando con el dรญa en que pudiera caminar por ahรญ sin miedo a convertirme en una paleta de helado, je, je, je. Hoy valoro esa pausa obligada que me enseรฑรณ paciencia y a buscar el calorcito, aunque afuera todo estรฉ congelado.

Portada de la iniciativa.
