En la tibia madrugada un adiós se despliega,
un adiós de nueva era,
todo el ente involucrado,
como fáctico hado.
Aún titilan las estrellas
aún no lo he consumado,
un adiós que grita quedo, apelmazado.
Entre confortables edredones,
de la madrugada deiforme,
son testigos las estrellas y la luna silente,
un adiós impaciente,
que emerge inconsciente,
que brota,
aunque ahogado,
del profundo sentimiento del alma rota,
se contiene en la boca,
con un áspero silencio;
su emergencia evidencio en los frenéticos latidos,
que fuerzan los sonidos,
de un adiós sin remedio.
Queridos lectores, ésta es mi participación para el genial reto establecido por , espero que sea de su agrado.
¡Feliz día!
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