Le deseo suerte a todos los participantes.
Si quieren saber sobre las bases del concurso, pueden leerlas aquí.
Chocolate y sangre
Quédate tranquilo, Vlad, no digas nada, disfrútalo, mi amor, hazme caso, chico, caramba, no gimas, abre los ojos, ya falta poco, no te desmayes todavía. Tanta carajita bonita que te cogiste por siglos y siglos, chico. Hasta en el cine, Vladi, hasta en el cine. Te acuerdas de Greta Schröder, por decirte solo una, cuando te la encaramaste una y otra vez cada noche, una y otra vez ante tanto público bocabierta que pagaba con neurosis sus entradas para ponerse en primera fila dentro de tus extravagantes palacios, para rendirse de terror ante tu encanto. Fueron otros tiempos aquellos para ti, mi colibrí. Pero ahora estás aquí, sin saber bien en qué infierno estás (hace girar con fuerza la silla giratoria, dos, tres veces), con esta bruja destetada, con esta verruga que te cazó con su mala maña, que te habla a escobazos en esta cueva hedionda a berrinches, en esta casita de chocolates. Ahora estás sentado en esta silla, bebiéndote mi cacao amargo. Bajo el influjo de un brebaje de patas de sapos y excrementos de dragón. Tú que fuiste tan exquisito, tan jolivud, tan caviar. Mírate ahora en este espejo.
(Le muestra al público un gran cristal donde no se refleja nada. Al mismo tiempo que se escucha la introducción instrumental de la canción El vampiro, y sale humo de la silla giratoria cubriendo por momentos al caballero. Ella baila, dando vueltas con el cristal, mientras el hombre está revolcándose en su silla. Las sombras que vuelan se ven más claramente ahora, son murciélagos que invaden el proscenio. Luego la música y el humo cesan paulatinamente y la escena regresa a sus características anteriores).
Pero ahora estás aquí con esa cruz de madera clavada sin anestesia en el pecho, sin ninguna posibilidad de que venga algún cineasta amigo a salvarte con un guión espectacular. Ay, ya no pataleteé más mi niño, (se le encima de manera muy sensual) que mami si le va a dar su pichita, su dulce de glamour. Shhh, abra. Abra grande su boquita, pero no digas nada. Imagina que soy tu nueva odontóloga, Wladimir Der Klassiker Wulfrano, (rigurosa) yo solo quiero limpiar tus dientes blancos. Pero antes voy a prender un fósforo y vas a ver su luz de frente (prende el fósforo con un movimiento grandilocuente) para prepararte porque pronto vas a ver el amanecer, pero no te asustes que no vas a sufrir mucho. Uy, qué bello, está saliendo una lagrimita de ti. Veo el miedo trepando como un murciélago por tu cuello perfecto, hinchando tus venas aristocráticas y azules. (Apaga la cerilla). Vas a pagarme con tus tuétanos, cariño, cada día, la maldad de nuestra vida maldita. Voy a sacar tus colmillos con este puñal de plata y ponerlos en mi boca desdentada, mi amor. Ahora seré tu Sukia. Todo. Voy a chuparte todo todito, mi cabrón, hasta la eternidad.
(Pone en movimiento varias veces la silla giratoria, mientras las luces se van difuminando).
Fin de la escena
Gracias por su lectura