Arriba de brócoli encontré un gusano gordo. Tan gordo con ojos en los lados de su cabeza. Y muerto. Ya muerto por el calor de la sartén. De repente pregunté a mi misma, ¿quién se esconde en el brócoli? ¡Qué criatura enferma tienes que ser para asustarme saliendo del brócoli de esa manera!
Así que tomé su pequeño cuerpito (de ya muerto gusanito) del brócoli y toda mi vida ha pasado a través de mis ojos.
Ginta, mira, hay millones de gusanos pasando por los brócolis todo el tiempo. Quiero decir TODO EL TIEMPO. Sí, es probable que haya escupido su saliva por todo el brócoli, pero todavía puedes comerlo. Brócoli, quiero decir, comer brócoli. Además, en México, en Tailandia y en China los comen todo el tiempo. Gusanos, quiero decir, comen gusanos.
Ginta, espera, fuuuu, ¡que cosa más asquerosa! No te me pienses de comer ese brócoli, ya, tiralo y basta. Fu. Debe estar lleno de bacterias.
Así que tiré ese gordo gusano con ojos en los lados de su cabeza y muerto a la basura y comencé a comer brócoli.