Desde que tengo uso de razón los domingos en mi familia son para compartir, realizar algo diferente al resto de la semana pero juntos.
Por lo general es salir a comer en algún sitio o visitar a un familiar.
Pero lo que más recuerdo y que aún se mantiene, no con la misma frecuencia de antes, pero se hace el esfuerzo; es el pescado frito con arepas de desayuno a media mañana del domingo.
Es normal levantarse al cierre de la semana un poco más tarde de lo normal, pero que mejor que levantarse e irse de una a la cocina para comprobar que ese olor del pescado frito es real y no un sueño.
Un momento perfecto para compartir en familia y que desde que vivía en Caracas, mi abuelo acostumbraba a salir bien temprano al pescadero para traer por lo general Lebranche, un pescado de abundante carne blanca, jugosa y bastante gustosa, que solo requiere de un poco de sal y pasarlo por harina de trigo.
Por supuesto estas piezas de pescado van acompañadas de arepas con mantequilla y queso, algo peculiar que en varias oportunidades han visto como extraño, es que nosotros nos hemos acostumbrado a comer las arepas abiertas, en dos partes (o cachetes), no preparamos la arepa cerrada con el relleno tipo sandwich, como el resto de las personas están acostumbradas a comerlas.
Este domingo repetimos ese evento de comer pescado frito en familia, en casa de mi tía junto a mis abuelos maternos, algo que mi mamá consideró como el inicio de mi despedida.
Foto tomada con la cámara de mi iPhone 4S