Una familia de ballenas bajaba del Mar de Norte, por el Canal de la Mancha. La madre aprovechó para explicar las celebraciones decembrinas de los humanos a sus dos últimos vástagos, los mellizos, recién inscritos en el registro de ballenas y quienes nunca habían vivido tan locas fechas, que coincidían con su paso por la desembocadura del río Sena.
Les contó como las aguas del río se coloreaban con el reflejo de los fuegos artificiales que explotaban en el cielo, cuyos restos impactaban las aguas como si fuesen granizo de gran tamaño. Sobre la gente que llenaba los puentes con canciones, risas, gritos, vasos y botellas de licor. De uno que otro que caían o se lanzaban al río, dando trabajo a los bomberos y sus estridentes sirenas.
Los mellizos, Zip y Zap, pidieron que los llevaran a conocer tal cosa, mas la familia lo considero peligroso. Dijeron NO. Zip y Zap, curiosos y desobedientes como cualquier cachorro de cualquier especie, se lanzaron río arriba para ver con sus ojos lo que su mamá contara.
La familia acordó buscarlos, pero pronto regresaron los pequeños, llenos de angustia y miedo, mas sin entender el porque la gente celebraba estrepitosamente, loca de felicidad: el fin, la muerte de 2017 y casi simultáneamente alzaban sus copas brindando por la llegada de 2.018. No conseguían comprender como los humanos habían sabido de su presencia en el río y mucho menos el porque deseaban la muerte de Zap y daban la bienvenida a Zip.
Noah, la madre contuvo una carcajada, 2017 fue el número asignado a Zap, en el registro de ballenas y el 2.018, le correspondió a Zip. Pensó que no hacía falta reprimenda, la vida se la había dado. Y siguieron su rumbo.
F E L I Z N O C H E V I E JA Y M A R A V I L L O S O A Ñ O 2. 0 1 8,
LLENO DE SALUD, PAZ Y MUCHO AMOR.
SI ES DE TU GUSTO: VOTA, COMENTA , SIGUEME, HAZ RESTEEM