El restaurante "La Filarmónica" cautiva a los visitantes desde el primer momento en que ponen un pie en su entrada. Su arquitectura colonial, con sus columnas elegantes y su fachada imponente, evoca una sensación de grandeza y nostalgia por tiempos pasados. Cada detalle ha sido cuidadosamente restaurado para preservar la autenticidad de la época, desde los balcones de hierro forjado hasta los detalles ornamentales en las paredes. Es un verdadero deleite para los amantes de la historia y la arquitectura.
Tuve el privilegio de formar parte del equipo de restauración de "La Filarmónica", y puedo afirmar con orgullo que fue un proceso minucioso y apasionante. Cada grieta, cada capa de pintura descascarada, fue tratada con delicadeza y respeto por la historia del lugar. Se utilizaron técnicas tradicionales y materiales auténticos para asegurar que la restauración fuera fiel a la esencia
original del edificio. Fue un trabajo arduo, pero ver cómo el restaurante renacía de sus cenizas fue una experiencia gratificante.
Al adentrarse en el interior del restaurante, uno se encuentra con un ambiente acogedor y lleno de encanto. Los muebles de madera oscura, las lámparas de araña y los detalles decorativos transportan a los comensales a una época pasada. La música suave de fondo, interpretada por músicos locales, crea una atmósfera mágica que complementa a la perfección la experiencia culinaria.
La oferta gastronómica de "La Filarmónica" es igualmente impresionante. Los platos tradicionales cubanos, preparados con ingredientes frescos y de alta calidad, deleitan los paladares más exigentes. Desde el clásico ropa vieja hasta el sabroso lechón asado, cada bocado es un homenaje a la rica tradición culinaria de Cuba. Además, la carta de vinos y licores ofrece una selección cuidadosa que complementa a la perfección cada plato.